01/27/07
"la tacita de café es blanca, el buen salvaje es marrón, planck era un alemán formidable. detrás de todo eso (siempre es detrás, hay que convencerse de que es la idea clave del pensamiento moderno) el paraíso, el otro mundo, la inocencia hollada que oscuramente se busca llorando, la tierra de hurqalyã. de una manera u otra todos la buscan, todos quieren abrir la puerta para ir a jugar. y no por el edén, no tanto por el edén en sí, sino solamente por dejar a la espalda los aviones a chorro, la cara de nikita o de dwight o de charles o de francisco, el despertar a campanilla, el ajustarse a termómetro y ventosa, la jubilación a patadas en el culo (cuarenta años de fruncir el traste para que duela menos, pero lo mismo duele, lo mismo la punta del zapato entra cada vez un poco más, a cada patada desfonda un momentito más el pobre culo del cajero o del subteniente o del profesor de literatura o de la enfermera), y decíamos que el homo sapiens no busca la puerta para entrar en el reino milenario (aunque no estaría nada mal, nada mal realmente) sino solamente para poder cerrarla a su espalda y menear el culo como un perro contento sabiendo que el zapato de la puta vida se quedó atrás, reventándose contra la puerta cerrada, y que se puede ir aflojando con un suspiro el pobre botón del culo, enderezarse y empezar a caminar entre las florcitas del jardín y sentarse a mirar una nube nada más que cinco mil años, o veinte mil si es posible y si nadie se enoja y si hay una chance de quedarse en el jardín mirando las florcitas"
morelli
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